El silencio es un sonido que consuela. Hay tanto ruido afuera y adentro, que a veces el silencio es todo lo que deseamos y necesitamos escuchar. Hay muchas voces que se imponen, mucha publicidad, mucha pelea por tener la razón, una gran cantidad de palabras innecesarias, una tremenda contaminación que interfiere mucho en nuestra salud emocional.
Ufa! Echo de menos los sonidos que no hacen ruido, que no ensordecen... El pájaro que canta todos los días alrededor de las 6 de la mañana delante de la ventana de mi dormitorio. El silbido de una antigua fábrica, señalando el final del día de trabajo. Lluvia inesperada en la madrugada. Conversación en otro idioma. Una música que hace mucho no se escucha y de repente se la oye tocar en la radio del coche. Pasos pisando hojas secas en el suelo. La lechera antigua silbando la leche hirviendo. Y otra vez silencio. Aquel absoluto, que nos ayuda a escuchar otros sonidos necesarios, como nuestra propia voz y como la voz de Dios. Estos sonidos que el ruido externo siempre trata de sofocar...
