martes, 24 de mayo de 2016

Cuando entregues tu corazón


No entregues tu amor a un desconocido, es demasiado peligroso. Cuando entregues tu corazón, hazlo sabiendo a quien. Que sea a alguien que va a apreciar tu corazón y tu alma.
Cuando entregues tu corazón, que sea a un hombre de verdad, que te mire a los ojos y que los suyos tengan luz aunque cuando todo esté oscuro. Alguien que vuelva a elegirte todos los dias, aunque tenga otras opciones. Alguien capaz de construir un castillo con un lápiz y un papel. Entregue tu corazón a un hombre que esté dispuesto a hacer que las cosas funcionen. Que sea tan macho para cocinar si estés cansada, simplemente porque a él le gusta ayudarte. Alguien que te motive a cumplir con tus horarios y tus deberes, que sea tu amigo, que no tenga miedo a tus éxitos, que no se sienta amenazado si piensas con tu propia cabeza y que de sensato sepa decirte "todo va a estar bien"...  Cuando entregues tu amor, hazlo a un hombre que guarde la fe y el temor a Dios, que valore a sus amigos y ame a su familia, porque en la vida los necesitamos.
Y que sea un hombre que te robe unos besos porque ya te ha robado el corazón. Que se juegue por ti, que se reía contigo, que te haga reír. Que no solo te diga " te amo" sino te lo demuestre a diario con pequeños "me gustas"...  Alguien que te traiga alegría, que se interese por sacarte una sonrisa aunque en los días más difíciles. Que sea un hombre que no se aproveche de tu vulnerabilidad, que te respete aunque cuando tú no lo quieras. Da tu amor a ese hombre que no les grite a los cuatro cantos las ventajas de lo que posee o hace, sino que le guste disfrutar de las cosas buenas de la vida, las personas y los sentimientos. Que sepa expresar lo que piensa respetando lo que piensas tú. Que aunque tenga opiniones diferentes de las tuyas, no se cree el dueño de la verdad. Un hombre que abre su corazón y lucha por lo que siente. Así, en la salud, en la enfermedad, en la distancia y en la adversidad, sabrás que con él puedes contar, más allá de cualquier diferencia.
Cuando entregues tu corazón, que sea a un hombre que te ame si estas presente y te ame aún más si estás ausente. Uno a quien le importen los detalles. Que no te oculte sus sentimientos y a quien puedas contarle los tuyos.  Que esté dispuesto a aprender, a cambiar lo necesario, y despierte en ti la mejor versión de ti misma. Que sea un hombre de alma libre, que se permita amar y ser amado. 
A ese hombre, cuando llegue a tu vida, entrega tu corazón. Valdrá la pena todo el tiempo que esperaste por él. Y más: trata de ser la mujer que este hombre merezca, porque seguramente  te estará esperando.

martes, 3 de mayo de 2016

Culpable


Él la amaba. Amaba como se nos llega el sueño: de repente, de forma gradual y profundamente. Sin saber cuándo, cómo o por qué. Simplemente amaba. Sin intereses, sin miedo, sin vergüenza. Amaba por todo y por nada. Amaba como se come: con hambre, con sed y sin culpa. Amaba como el niño que se deslumbra y se encanta. Amaba como quien se entrega y desea. A ella le dio  flores, sol, luna y estrellas, le dio las poesías de sus labios, los besos de su mirada y los abrazos de su alma. Le dio todo, sin ocultarle sus imperfecciones. Sin miedo a parecerse ridículo. La amaba tal como era, con sus trazos, su forma, sus miedos, su historia. Amaba su soledad, sus aficiones, sus pétalos, sus espinas, su sabor, sus libros, sus gustos y su espacio. Le encantaba su sonrisa, sus ojos, su voz, su pelo y sus enojos. Amaba su alma antes de amar su cuerpo. Pero ese día, de amar su cuerpo, nunca ha llegado... él mató al amor en defensa propia.

Pérdidas y ganancias


Se pierde el tiempo, el autobús, el empleo; se pierde la oportunidad, se pierde dinero; se pierde perro, bici, teléfono, documento; se pierde un amigo, un amor, un miembro de la familia; se pierde la paciencia, la esperanza, la alegría; se pierde las ganas, la confianza, la libertad; se pierde la razón, se pierde el coraje; se pierde la voz; la cabeza se pierde. He perdido todo eso alguna vez en mi vida. ¿Y usted?
Todos los días se puede pasar por alto algo, o alguien, o usted mismo. De repente, la vida parece un enorme laberinto con muchas entradas y salidas, y la gente allí, a tientas... En esos momentos, sería bueno si alguien nos tomara de la mano y camináramos juntos!... Pero no hay mucho sentido en que un miope conduzca a un ciego, es decir, todos estamos en una búsqueda diaria para ganar el día, cumplir con los deberes, para tener en cuenta esto y lo otro y a veces tropezamos, nos dañamos y atrasamos algunos pasos. Todos tenemos limitaciones resultantes de pérdidas a lo largo del camino, ojalá existiera más compasión y solidaridad. Tal vez sea esta la gran pérdida de nuestros días: mirar y no ver, escuchar y no oír, tocar y no sentir, escribir y no tocar. Y el daño? Grandes o más pequeños, como la capacidad de hacer frente a las pérdidas. Uno se recupera, pero no es tan simple como se puede pensar. Realmente no se puede predecir qué tipo de persona se elevará nuevamente después de la caída...
Algunas cosas perdidas se pueden encontrar de nuevo; otras se van para siempre. Algunas, nos damos cuenta de lo irrelevantes que son; otras dejan un gran vacío en su lugar. Algunas pérdidas duelen; otras no tanto. Y la vida sigue, es como un río que corre siempre por adelante: la misma agua no pasa dos veces por el mismo lugar y todavía excava surcos, voltea piedras y arrastra las cosas perdidas en su corredera, para beneficiar a alguien, allí adelante... La vida está hecha de pérdidas y ganancias todos los días. Así que cada logro se debe celebrar, cada avance debe ser motivo de felicitación, todos los días debería contarse más por lo que se gana que por lo que se perdió. Hay muchas bendiciones que contar cuando uno tiene ojos para ver.