martes, 3 de mayo de 2016

Culpable


Él la amaba. Amaba como se nos llega el sueño: de repente, de forma gradual y profundamente. Sin saber cuándo, cómo o por qué. Simplemente amaba. Sin intereses, sin miedo, sin vergüenza. Amaba por todo y por nada. Amaba como se come: con hambre, con sed y sin culpa. Amaba como el niño que se deslumbra y se encanta. Amaba como quien se entrega y desea. A ella le dio  flores, sol, luna y estrellas, le dio las poesías de sus labios, los besos de su mirada y los abrazos de su alma. Le dio todo, sin ocultarle sus imperfecciones. Sin miedo a parecerse ridículo. La amaba tal como era, con sus trazos, su forma, sus miedos, su historia. Amaba su soledad, sus aficiones, sus pétalos, sus espinas, su sabor, sus libros, sus gustos y su espacio. Le encantaba su sonrisa, sus ojos, su voz, su pelo y sus enojos. Amaba su alma antes de amar su cuerpo. Pero ese día, de amar su cuerpo, nunca ha llegado... él mató al amor en defensa propia.

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